Dejar de de fumar, otra vez.

¿Es posible dejar el hábito de fumar?

     Claro que sí es posible. Yo misma lo conseguí hace casi 30 años, y estoy segura de que conoces a gente que ha conseguido dejar de fumar para siempre o por temporadas; incluso puede que tú mismo hayas dejado de fumar alguna vez o varias, recayendo.

Dejar de fumar teniendo el cigarrillo en la mente es dejar la puerta abierta a la recaída

     Prohibirte fumar no es la mejor opción, pues estás poniendo barreras al deseo de fumar, provocando que la ansiedad se asiente en tu vida. Y la ansiedad también mata. No se trata de prohibirte fumar, sino de dejar de fumar, así sin más. Que tu vida no gire alrededor del tabaco dependerá del método.

     ¿Y cuál es el mejor método?

     No existe. Ni como psicóloga puedo decirte cuál es el mejor método ni el definitivo, pues va a depender de la personalidad de cada uno. Voy a exponer mi propio método y que me ha dado resultado hasta ahora. Considero (y creo por mi experiencia) que el método válido es aquel basado en un cambio cognitivo, de ideas sobre el tabaco y el acto de fumar. Se trata de cambiar a mejor, no de traumatizarte ni vivir amargado pensando en el cigarrillo que no fumas.
     Tal vez pienses que me resultó fácil porque fumaba poco o desde no hace mucho tiempo… qué va, yo era la típica fumadora de casi un paquete diario desde antes de los 18 años hasta el 1992 que tras un primer intento de dejarlo por la fuerza de voluntad (al tercer día recaí) lo conseguí con un método adaptado. Contrariamente a lo esperado, apenas tuve síndrome de abstinencia ni lo pasé mal.

No tengo esa consigna de ¡nunca volveré a fumar!

     Algo importante, y que me diferencia de la mayoría de fumadores que intentan dejar de fumar, es que desde el primer día me planteé dejar de fumar mínimo un año, sin malos rollos y luego decidiría si fumaba o no. ¿Por qué no me impuse no volver a fumar nunca? porque la ansiedad mata más que el tabaco.
     Cuando pensamos en no volver a fumar ¡nunca!  este nunca se percibe como una prohibición eterna, lo que nos genera una ansiedad horrible ¿¡Nunca!? Y, como no somos futurólogos ni clarividentes, mejor alejar ese término de nuestro vocabulario, de hecho es una palabra que deberíamos eliminar de nuestro vocabulario, en general. 
     Sustitúyelo por "no voy a fumar" a secas, sin más, o la expresión que usé yo “voy a dejar de fumar por un tiempo”, el estimado para sanearme y en el supuesto de volver a fumar, hacerlo sin esa dependencia a la nicotina y con un consumo máximo diario de 3-4 cigarrillos diarios, que no va a beneficiar ni a matar; un consumo consciente, saboreando cada cigarrillo. Sabía que tenía que limpiarme y romper ese hábito destructivo de fumar casi un paquete diario, así que estimé un año.
     Me sigue funcionando desde hace casi 30 años, sin deseos de fumar, ni mal humor y sin fobia a fumadores, ni siendo su azote, jajaja. ¿Para siempre? Ni idea, solo sé que por ahora no me apetece. El tabaco dejó de ser relevante en mi vida y no me preocupa en absoluto.

Prohibirte fumar no elimina el deseo de hacerlo y sube la ansiedad
   

   1. Conocer los efectos del tabaco    

     Efectos físicos

     Qué te voy a contar que no sepas ya. Fíjate que no digo de la nicotina sino del tabaco, pues este está compuesto de cientos de sustancias añadidas, la mayoría mucho más perjudiciales que la nicotina (y eso que el tabaco ya se usaba en agricultura como herbicida y potente veneno) te animo a que busques en la red y lo verás por ti mismo.  Algunos efectos de estos tóxicos son más evidentes, como el mal aliento, la piel reseca, flemas y toses al mínimo esfuerzo y ese olor a tabaco que no se quita ni con el baño. ¿Y el olor de la ropa?... pues eso.

     Otros efectos del hábito más autodestructivo, tampoco te van a sorprender: es causa de la mayoría de cánceres de pulmón, laringe, cavidad bucal, esófago, páncreas, vejiga y riñón; de efisemas, bronquitis crónica, paro cardíaco, enfermedades coronarias, enfermedades arteriales de las piernas, demencia vascular; y de los psicológicos como la ansiedad, la adicción o dependencia con todo lo que anímicamente implica, la indefensión ante la imposibilidad de dejarlo, etc. Añade los daños a los fumadores pasivos que te rodean… pinta mal, la verdad.

Estigma social

     ¿Y los efectos sociales? el estigma social. Al contrario de hace años donde fumar era como el paso a la madurez y daba prestigio; no tienes más que ver películas antiguas o libros donde los protagonistas siempre aparecen con un cigarrillo en pose interesante, en las mujeres eran indicio de modernidad e independencia. Ahora, sin embargo, está mal visto, el fumador recibe miradas de desaprobación, compasión o lástima, como un enfermo vicioso y débil que es incapaz de dejar de fumar.  Como esto ya lo vives, no te digo más.

Efectos económicos

     ¿Más efectos? Uno que te va a hacer temblar o enfadar contigo mismo. Fumar es un vicio caro, una manera de suicidarte pagando. Si no estás sentado, hazlo, porque el impacto va a ser fuerte. Te pido que leas lo que sigue mirando de reojo a tu "amigo" el cigarrillo.

     Si nos fijamos en el gasto económico diario, este puede pasar desapercibido, pero te pido que lo calcules, de una manera real; es lo menos que puedes hacer tanto si quieres dejar de fumar como si vas a reducir su consumo. A fecha de mayo de 2020 he realizado un cálculo con los precios en España de un paquete de tabaco, que te puede servir de guía; según sea tu consumo puedes dividir o multiplicar, no obstante, tienes una tabla estimada.
     En la actualidad el precio de un paquete de 20 cigarros está entre 4 y 5 euros. Si fumas un paquete diario, al mes te gastas unos 124-155 euros, al año ¡1.460-1.825 euros! y a los diez años ¡14.600-18.250! así puedes ir multiplicando por los años que llevas fumando y los que te esperan si no lo dejas. Yo hice el cálculo sobre mi consumo y menudo enfado tuve conmigo misma: la de cosas que podía haber hecho con todo ese dinero ¡¡¡horror!!!

¡Estás pagando por matarte! El colmo, ¿no te parece?

     Haz el cálculo con tu marca, sin engañarte y contar de menos. ¿Te imaginas lo que puedes hacer con ese dinero? Por ejemplo, puedes comprarte un coche o una moto a plazos de 150 euros mensuales; con tres mensualidades, un ordenador; con 8 mensualidades un súper televisor; unas vacaciones en la playa; mejorar tu vivienda o el alquiler, etc.

    2. Reconocer tu historia de fumador      

     Siempre no has fumado, obviamente no naciste con un cigarrillo, aunque fueras hijo de fumadores. Date tiempo para ir recordando y reflexionar sobre tu historia, al fin y al cabo si no te has muerto fumando, tampoco te vas a morir por esperar el tiempo necesario para concienciarte (no te pases, con un par de meses tienes suficiente). Recuerda, por ejemplo:
  • ¿Desde cuándo fumas?
  • ¿Cómo fueron tus primeros intentos?
  • ¿Estabas con amigos?
  • ¿Cuándo fumabas más y cuándo menos?
  • ¿Cuándo empezaste a intentar dejar de fumar?
  • ¿Lo has intentado más veces? ¿Cómo recaías?
     Creo que fue en junio del 92 cuando me planteé seriamente que no era saludable y que podía estar mejor sin ese hábito; que esa creencia limitante que yo tenía de “fumo porque me gusta y lo disfruto” o aquella otra de "yo puedo dejarlo cuando quiera" igual no era así, que algunos cigarrillos ya ni los saboreaba, incluso a veces encendía otro cigarro sin apagar el anterior porque no me había dado cuenta de que fumaba; era algo automático.

¿Qué placer obtenía de fumar casi sin darme cuenta?

     Me di de plazo hasta el comienzos del otoño para intentarlo e ir haciéndome a la idea, y el 1 de octubre como fecha definitiva, o pediría ayuda profesional. ¿Por qué otoño? porque decidí que mi casa iba a ser un espacio libre de humos -salvo los de la cocina jajaja- y no iba a tener todas las ventanas abiertas cuando llegaran los fríos, solo por el tabaco; salir de noche un día lluvioso y frio a la calle o a un balcón a fumar... no era un opción razonable, no iba a dejarme esclavizar tanto por un hábito insano.
No estaba dispuesta a que el cigarro me dominara hasta ese punto.

     Cuanto antes dejes de fumar mejores serán los beneficios. "Nunca es tarde si la dicha es buena"... pues eso. Abandona las ideas limitantes como que dejarlo es imposible, que siempre vas a estar echándolo de menos, que cómo te vas a divertir sin cigarrillo, vaya aburrimiento, que puedes dejarlo cuando quieras (si, si) que vas a tener muy mal humor, y que a lo mejor no nos pasa nada... ¿En serio? A poco que analices estas ideas verás cómo se desmoronan. Hazlo, por favor.

Me gustaría fumar menos

     El deseo de casi todo fumador, pero difícil por el fuerte condicionamiento (que no dependencia) que tiene. Como ya hemos visto más arriba, la decisión de fumar más adelante o no, es solo tuya y ahora no tienes ni que planteártelo. ¿Quién conoce el futuro? Es probable que muchas veces hayas intentado fumar menos, con el consiguiente aumento de consumo (ay, esa ansiedad).
     Si te gusta fumar y no quieres dejarlo para siempre, y lo que quieres es fumar menos, tendrás de pasar por un periodo de desintoxicación para eliminar esa nicotina responsable de tu adición, quedarte a cero y depurarte. Vamos, que en cualquier caso tienes que dejar de fumar.
     Es decir, puedes dejar el hábito de fumar actual, intenso y volver a fumar más razonablemente, máximo 5 cigarros diarios, o los que decidas, pues siempre serán menos que el consumo actual. Un período sin fumar de manera que el cuerpo pueda eliminar sus toxinas: mejorando tu dieta, consumiendo más liquidos y haciendo deporte o ejercicio físico. Sería como un ayuno de desintoxicación. Si luego fumarás o no, es una decisión que no tienes que tomar ahora; ya lo decidirás en su momento.

Los cigarros en una pitillera

     Antes ha salido el tema de la ansiedad, la cual es responsable en gran medida de nuestra adición. Vamos a intentar minimizar aquellos gestos que la aumentan.
     Mientras lees esto y te pones a ello te voy a pedir que saques los cigarros de la cajetilla y los pongas en una pitillera. ¿Por qué? Porque esos mensajes en forma de esquelas de difuntos disparan los niveles de ansiedad, aunque te digas que estás acostumbrado y que no te afectan. ¿Has oído hablar de los mensajes subliminales?
      Se trata de reducir la ansiedad "subliminal" que provocan las esquelas o anuncios dramáticos y que en realidad persiguen que aumente la ansiedad del consumidor y así fuma más. Cada vez que vemos el anuncio-esquela de que fumar mata, nos planteamos dejar de hacerlo algún día, porque nos queremos y no deseamos ese futuro negro del fumador; si nos ponemos fecha, vamos a fumar más para aprovechar; ¿cuántas veces te has dicho que el próximo lunes dejarás de fumar y ese fin de semana has fumado más de lo habitual, aprovechando antes de dejarlo? otro efecto subliminal es el de la baja autoestima al consumir algo que sé que es dañino, y según el anuncio mortal. Sumando fracasos
     Resultado, subida de ansiedad, y esta nos hace tomar un cigarrillo para reducirla. Este círculo vicioso interesa a la industria tabacalera porque aumenta su productividad y a su vez se lava las manos sobre sus efectos y posibles reclamaciones al vender un producto que daña seriamente la salud.
tu pitillera sin esquela

     Vemos que el poder de las esquelas-anuncios dramáticos que vienen en los paquetes de tabaco, tiene una doble función: evitar responsabilidades y aumentar su venta.
Las tabacaleras quieren que sigas fumando
     La ansiedad en sí misma puede ser mortal, por tanto vamos a alejarla. Es posible que elijas seguir fumando solo aquellos cigarrillos que realmente disfrutas y eliminar todos esos de más por culpa de la ansiedad, en cuyo caso te recomiendo poner en un pitillera sólo los cigarrillos que te has propuesto fumar diariamente; así controlarás tu consumo. Recuerda que al reducir el tabaco tambien pasarás un "mono", pero solo unos días, pasado dicho periodo se pasará. 
Así que, tanto si vas a dejar de fumar como si no, la ansiedad puedes minimizarla eliminando de tu vista esos mensajitos que no piensan en tí en absoluto, regalarte una pitillera donde guardar y tener a mano tus cigarros. Una pitillera que te guste. Que ningún mensaje -ni subliminal- te amargue disfrutar del cigarrillo que elijes fumar.

     3. Mentalízate       

     Y para ello necesitas un tiempo prudente. Si estás en un momento complejo o unas circunstancias estresantes, como en pleno período de exámenes, pendiente de una oferta de trabajo, etc,  igual tienes que esperar un poco hasta sentirte menos presionado y poder centrarte en tu decisión de dejar de fumar; aprovecha este tiempo para ir mentalizándote.
     Podemos decir que hay tres tipos de personas respecto al tabaco: fumador, exfumador y nofumador.
  1. Fumador es todo aquel que fuma, poco o mucho, no está relacionado con la cantidad, pues un fumador esporádico lo sigue siendo.
  2. Exfumador, es todo fumador que está intentando dejar de fumar y aquellos que han conseguido dejarlo pero tienen en su mente el cigarrillo, lo siguen echando de menos pues no han hecho el cambio cognitivo y temen recaer.
  3. Nofumador es  todo aquel que no ha fumado nunca y aquellos que ya no fuman, que han superado su hábito de fumar a nivel profundo y el tabaco ha desaparecido de su vida y de su mente; y ni siquiera teme recaer porque sabe que puede salir, es libre. Aunque haya fumado, una persona que no fuma, no fuma, punto, no es ex de nada.

Elegir un momento propicio.

     Aunque no lo vas a pasar tan mal como la gente dice, o tú alguna vez lo has pasado dejando de fumar radicalmente, sin un cambio cognitivo, sí debes tener en cuenta que los primeros dos o tres días te sentirás más inquieto físicamente y deberás estar atento a tus gestos; pues la mano se irá casi automáticamente al paquete de tabaco, salvo que estés atento siguiendo las indicaciones más adelante.
    Por eso necesitarás unos días sin agobios, elige una semana, por ejemplo, sin preocupaciones ni exigencias laborales; o un fin de semana largo, para centrarte en tu propósito de dejar de fumar y observarte.
     Como te dije, yo en junio había decidido que dejaría de fumar en otoño. Me puse una fecha, 1 de octubre y dos objetivos: uno, en mi casa no se volvería a fumar nunca más, y dos, no fumaría durante una buena temporada para desintoxicarme. 
    ¿Por qué no aprovechar las vacaciones de verano? Pues porque es una estación más activa socialmente y a pesar de tener más tiempo disponible, iba a estar más distraída con la playa, salidas con familia y amigos… iba a ser más difícil observarme; sin darme cuenta iba a fumar, casi automáticamente, olvidando mi propósito. Estas recaídas casi automáticas las recordaría como fracasos y no quería aumentar la ansiedad para cuando me pusiera a ello. Ese verano me lo tomé para ir mentalizándome hasta septiembre, donde ya buscaría esos tres días para dedicarlos a mi decisión.

Pasarás dos o tres días más inquieto por la nicotina. Si no te decides ahora, elige una fecha, anótala en tu agenda con recordatorio dos o tres días antes y guarda este artículo.

Objetivo: ser libre

     Si decides que no quieres posponer más tu liberación del “amo” tabaco, dejar de ser su esclavo, no  tienes más que buscar un rato libre, media o una hora, sin interrupciones para leer esto, relájate y pon cerca el paquete cigarrillos y el encendedor.

     Ahora, pregúntate a ti mismo: ¿por qué fumo?

  • ¿Porque es un placer?  Enciende ahora un cigarrillo, da seis grandes caladas y pregúntate qué sensación maravillosa está experimentando ¿?
  • ¿Por el sabor? Hay muchos alimentos que saben muy bien, que te gustan muchísimo y no te sientes obligado a comerlos 10 o 20 veces diarias; resistes la necesidad imperiosa de comértelos compulsivamente, como los cigarrillos. Es más, si te gustan mucho, a veces hasta lo dosificas para que te duren más y para no dañarte.
  • ¿Por su olor? Igual que con el sabor. Desde olores de comidas (y no por ello te pones a cocinar todo el día) hasta un perfume, las flores del campo, la lluvia sobre la tierra. Te gustan muchos otros olores y no vas arrancando flor tras flor para oler las rosas, ni te inundas de perfume porque acabas saturado y medio mareada: dosificas.  Francamente, el olor del tabaco en la ropa no gusta ni a los fumadores, y el de las casas… seamos sinceros, huele mal.
  • ¿Para concentrarte o relajarte? Puede que lo hagas como ayuda a concentrarte, e incluso despertarte porque tienes un asunto importante, decidir algo; o cuando estás cansado y fumar te despeja. También en situaciones de estrés, de nervios, cuando necesitas distraerte o relajarte recurres al cigarrillo. ¡Pero si son efectos opuestos! ¿Cómo la misma sustancia te sirve para una cosa y la contraria?
     Entonces ¿por qué fumas?
   

¿Por qué empezaste a fumar?

   Yendo a los inicios de tu hábito. La razón por la que alguien empieza fumar es porque los demás del entornon lo hacen. Recuerda tus inicios. Es posible que algunos de tus amigos con hermanos o primos mayores empezaran a fumar y te animaran a hacerlo, que resistieras las presiones durante un tiempo, pero un día probaste un cigarrillo.     

     A la primera calada te sorprendió comprobar que sabía fatal y tosías de la carraspera ¿cómo demonios podía alguien engancharse a esas cosas asquerosas? Te insistieron a otra calada más, y otra… al fin y al cabo, el grupo o pandilla es lo más importante.
     Se había tendido ya la trampa más sutil que el hombre y la naturaleza en comunión han ideado jamás. Ahora había desaparecido ya tu miedo a convertirte en adicto, a terminar esclavizado por la mala hierba. Y de este modo hacías esfuerzos inhumanos por enseñar a su cerebro y a tu cuerpo a hacerse inmune a la porquería y al veneno de la marca que estabas aprendiendo a fumar. Pronto, lo que empezó como un experimento juvenil, un ajuste de imagen sin importancia, un signo más de pertenencia al grupo, se había convertido en un compromiso para toda la vida.
   ¿Cuánto dinero llevas gastado en esa porquería? Revisa la tabla otra vez, aunque digas que el dinero no te preocupa. Pero ¿por qué no te preocupa? ¿Por qué estás dispuesto a olvidarte de esos miles de euros como si no los hubieras gastado? Lo más fuerte es lo que haces con ese dinero: lo empleas en arriesgarte a contraer enfermedades graves, en ser víctima de toda una vida de mal aliento, dientes manchados, respiración dificultosa y tos, letargo, esclavitud y privaciones.

¿Y el tabaco que hace por ti?

     Parece que nada positivo, sino que te impide relajarte, concentrarte y te produce estrés. ¿Que cómo? Con un ejemplo lo veremos mejor. Imagínate un adicto a la heroína. Piensa en el pánico que siente cuando no tiene su dosis y en el alivio cuando la consigue.
     Entonces, ¿quién se siente mejor: el que es adicto a la heroína o el que no lo es? Ahora piensa en el miedo y la inseguridad que sufren los fumadores cuando a altas horas de la noche se quedan sin cigarrillos, por ejemplo, o cuando de excursión por la montaña se da cuenta que olvidó el paquete de repuesto por si acaso... Es lo mismo que sucede con la heroína: los que no fuman NO experimentan esa sensación en absoluto.

     Estoy hablando del miedo a no tener la dosis o a quedarse sin cigarrillos. Esa es la única fuerza capaz de conseguir que el fumador siga fumando, la única razón: el miedo

     4. El miedo y el hábito de  fumar    

     El miedo es la única razón por la que sigues fumando. Un miedo que se mueve en dos direcciones: el miedo a seguir fumando con todos los riesgos que conlleva; y por otro lado, el miedo a no tener cigarrillos y no poder dejar de fumar a pesar de todo. Una sensación de vacío difícil de experimentar y que aquellos que nunca han fumado no lo sienten, no tienen ese miedo. Son libres.
¿Que es una exageración? La mayoría de los cigarrillos que te fumas lo haces casi sin darte cuenta, por inercia. ¿Eres consciente de cada uno de los cigarrillos?

 Cigarrillos "especiales"
¿Una sobremesa o una cerveza sin fumar?

     Ahora toca analizar esos cigarrillos más especiales que para los fumadores suelen ser inevitables y no están dispuestos a saltárselos: los cigarrillos de después de las comidas. Salvo aquellos fumadores que se mantienen en un consumo máximo de 5 cigarrillos diarios y para los esporádicos (que puede ser uno de tu objetivo a largo plazo) y que fuman conscientemente cada cigarrillo, la mayoría de esos especiales también se fuman casi sin darte cuenta. Probablemente solo recuerdes aquellos cigarrillos que en su momento eran difíciles de fumar, como en sitios restringidos al tabaco.  ¿Piensas en el dinero que llevas gastado o en el probable cáncer de garganta o pulmones? Ni por asomo.
     Una de las muchas ventajas de dejar de fumar, y la principal es liberarte del miedo: miedo a quedarte sin tabaco, miedo a no poder dejarlo nunca, miedo a enfermar y no poder evitarlo, miedo, miedo, miedo. Te liberas del miedo a la inseguridad, a la dependencia de la nicotina. La cuestión no es dejar de fumar, sino ser libre.

El fumador no es libre, es esclavo del tabaco.

   Ahora, imagínate un mundo sin fumar, que ya has pasado el síndrome de abstinencia (que no será para tanto, como veremos) y no te acuerdas para nada del tabaco. ¿Que una sustancia como la nicotina va a dominar tu vida? ¿Que algo tan pequeño y de tan poco valor va a regir de tu estado de ánimo? Si lo piensas, es para mandar el paquete de tabaco al infierno.
     Hay muchas leyendas sobre lo difícil de dejar de fumar, creencias que ya las hemos hecho nuestras, de manera que solo plantearlo nos parece casi imposible. A ver, recuerda momentos en tu vida en los que has tenido que esforzarte o salir de apuros; seguro que alguna proeza tienes en tu memoria. ¿Y te vas a achicar ante un cigarrillo? Si has salido de pruebas peores, de esta sales.

     ¿Y qué hacer para dejar de fumar?

    NADA. Esta es la cuestión, que no tienes que hacer nada especial: no enciendas el próximo cigarrillo.
     Sí, de acuerdo, ojalá fuera tan fácil, lo sé muy bien, pues recuerda que además de psicóloga he sido fumadora de larga duración.  Si te dijeran que no pasarías síndrome de abstinencia no lo encenderías ¿verdad? Pues algo similar. No hay que recurrir a estrategias como los cigarros de vapor, parches de nicotina, acupuntura ni demás historias, pues son sustitutos de lo que sigues teniendo en la mente: el cigarro. El cigarrillo no se ha ido, ha cambiado de sitio, ahora está en tu mente, por esto no sirven esas estrategias.
     El síndrome de abstinencia como tal apenas existe, son mas los miedos los que te atan al tabaco, como ya hemos visto. No vas a tener pesadillas ni dolores horribles, a pesar de ser cierto que la nicotina es una droga y pasarás dos o tres días con molestias, sobre todo de hábitos y costumbres. Si fuera una dependencia como la de otras drogas no podrías pasar toda una noche sin fumar, o pasar varias horas en un recinto cerrado sin hacerlo. ¡Siete u ocho horas sin fumar! ¿Y tu síndrome de abstinencia?

    La nicotina, esa droga.

     Cuando fumas un cigarrillo, la nicotina entra en tu cuerpo. El alquitrán del cigarrillo pasa a los pulmones y la nicotina al cerebro, aumentando levemente los niveles de dopamina (sensación de recompensa y motivación). Al poco de acabar de fumar ya tenemos necesidad de otro, pues los niveles han bajado; si fumamos más, el cerebro detecta exceso de dopamina y da la orden a las células cercanas de bajar la producción propia de dopamina.
     Además, la mente detecta el patrón del fumador y se adelanta a bajar la producción cuando sabe que le va a venir un chute de nicotina. ¿Resultado? El fumador fuma para evitar esos bajones. Sólo cuando se fuma esporádicamente se puede observar su leve efecto gratificante.
     Es decir, que al poco de apagar el cigarrillo, la nicotina empieza a desaparecer y deja una sensación de vacío y de inquietud, sin saber qué hacer con las manos. Al encender el segundo, la nicotina de cada calada empieza a llenar ese vacío y produce, primero una sensación de alivio, y de relajamiento y satisfacción después.
     En esto consiste el hábito de fumar, en evitar esos bajones que causa la ausencia de nicotina; consiste en evitar esa sensación de vacío e inseguridad volviendo a fumar. Esa felicidad que busca el fumador, no es otra cosa que lo que sienten los no fumadores: ausencia de vacío por una sustancia. Este “placer” dura hasta que el segundo cigarrillo acaba. Pero no termina con el segundo cigarrillo, sino que le siguen otros. Una larga cadena de miles de cigarrillos. Al final se fuma para no sentirse mal, no por placer.
1 cigarro + 1 cigarro +1 cigarro + n cigarros= cadena de cigarros

     ¿Esto es todo? No, es peor, porque a la larga el organismo acaba por ser inmune a la nicotina. Cada vez son más cortos los períodos en que la nicotina alivia la ansiedad. A causa de esto, el fumador aumenta su consumo, hasta que ni siquiera cuando fuma deja de estar más nervioso o inquieto que los no fumadores. Necesita el cigarrillo incluso para llamar por teléfono y no se imagina haciéndolo de otra manera. El teléfono no tiene nada de estresante, es la nicotina la que estresa. Este tipo de estrés no lo tienen los no fumadores, ni el fumador cuando deje de serlo.

      En la actualidad, fumar está mal visto incluso entre fumadores, y esos cigarrillos de sobremesa casi se convierten en una  tortura. El fumador ya no fuma entre platos y cuando termina el almuerzo pide permiso al resto de comensales, como justificando su conducta y bajo las miradas entre despectivas y compasivas de los demás, y echando un vistazo al lugar con la esperanza de encontrar a alguien más fumando. ¿Estás seguro de que estos cigarrillos son placenteros? ¿Resulta tan atractivo como en las película antiguas o más bien lo contrario? No, el fumador actual no se ve atractivo ni interesante como decía la publicidad de hace años, más bien da lástima.
    Entonces, ¿por qué resulta tan difícil dejar de fumar? porquelo fumadores están condicionados a creer que es imposible o que el sacrifico es tan duro que no podrían superarlo.
     Mantienen la esperanza de que, mientras tengan suficiente fuerza de voluntad, si es que pueden aguantar el tiempo necesario,  al final, el tiempo solucionará el problema y llegarán a una etapa en que su cerebro diga. “¡Bravo, soy libre, lo conseguí!”. Y de este modo se provocan a sí mismos un berrinche autoimpuesto. Al haber decidido luchar contra la tentación durante el tiempo que sea necesario, continúan luchando, incluso cuando no queda nada contra lo que luchar. La propia intensidad de su fuerza de voluntad se vuelve contra ellos.
El tabaco es tu enemigo

         Durante unos días el organismo sigue necesitando urgentemente la nicotina. El exfumador interpreta esa sensación física como “necesito un cigarrillo”. En realidad, los síntomas son los mismos del hambre normal y del estrés normal. Por tanto, incluso cuando el organismo deja de necesitar urgentemente la nicotina, cada vez que el exfumador sufra hambre y estrés normales, es fácil que el cerebro diga “esto significa que necesito un cigarrillo”. Y por ello el exfumador se siente desvalido, desgraciado y deprimido, porque se está imponiendo a sí mismo este malestar, y sabe que continuará. Como un grifo que gotea, terminará por agotar su resistencia. El cigarrillo se convierte en el objeto más precioso imaginable. Al final, el exfumador encontrará una excusa válida para fumarse sólo un cigarrillo y, ya sea rápida o gradualmente, volverá a caer en el abismo.
     ¿Cómo evitar que suceda esta desgracia? Sencillo: hay que entender la causa y eliminarla. Si muere un ser querido, aunque no sufras ningún dolor físico, sufres igualmente y ese vacío nada lo volverá a llenar y aprenderás a vivir con el mismo.  Sin embargo, si desaparece de tu vida un terrible enemigo, no lloras su pérdida en absoluto. Te alegrarás de por vida.

El tabaco es tu enemigo.

     Y que lo elimines de tu vida debería ser un motivo de celebración, aunque suponga cierto malestar físico durante unos días, en cuyo caso la experiencia de convertirte en un exfumador debería ser agradable en lugar de miserable.
Tus dos últimos cigarrillos

Enciende el penúltimo cigarrillo

Ahora te pido que enciendas el último cigarrillo de tu vida o de una temporada. Recuerda que el tiempo que no fumas es salud que ganas. Más adelante fumarás el último. Disfruta los dos antes de ser nofumador.
Enciende tu penúltimo cigarrillo

5. Preparados, listos,  ¡YA!    

PASO 1.
     Tu enemigo es el cigarrillo y está en el paquete de tabaco que tienes al lado. No lo tires y guárdalo junto al encendedor. En pocos minutos te fumarás el último. Hazte la promesa de que no vas a fumar bajo ninguna excusa, por muy difícil que veas la vida, ningún cigarrillo mágico te solucionará los problemas, al contrario, como nofumador serás más capaz.

PASO 2.
     No hay sacrificios. Como el nofumador que serás, recuerda que sólo un inconsciente elegiría ser fumador. Acepta que la relación entre los pros y los contras que has visto y decidido no lo cambiará ninguna excusa y menos el deseo de fumar. No estás haciendo ningún sacrificio, repítelo tantas veces necesites: no hay sacrificios. La dificultad no está en la nicotina ni en el sacrificio, sino en el miedo. El esclavo-fumador toma la decisión correcta: ser libre, ser un noesclavo. Tomada la decisión no hay nada más que pensar, ni pienses en dudar, pues si lo haces te sentirás un desgraciado.
     Bueno, sí, puedes pensar en actividades complementarias al tabaco, de afrontamiento para que no te pille desprevenido. Por ejemplo, dos canicas, botones o un lápiz para llevar en el bolsillo y tocar a menudo, cuando no sepas qué hacer con las manos.

PASO 3.
     Sensación de "necesito un cigarrillo". Ni síndrome de abstinencia ni sacrifico. Durante unos días (de tres a diez días) experimentaras un ligero trauma en tu vida: tu organismo será víctima de una urgente necesidad física de nicotina. No te preocupes. Después de todo, esta necesidad es la que experimentan los fumadores a lo largo de toda su vida como fumadores.
     Notarás como una sensación de inquietud, o quizá como una sensación de “necesito un  cigarrillo”. Deja de verlo así, y míralo como lo que realmente es: una sensación de vacío e inseguridad, el último vestigio de lo que se siente al ser fumador.
     Por lo tanto, en lugar de decirte a ti mismo “¡vaya, no me puedo fumar uno!”, dite: “esta es la sensación de la que los fumadores son víctimas toda su vida. Esto es lo que les impide ver lo asqueroso que es, el dinero que gastan, la esclavitud a que se someten y el mal aliento que les produce. Los nofumadores no tienen que sufrir esto. ¿No es maravilloso? ¡Soy libre!
     Al cabo de unos días llegará “El momento de la revelación”. Es una experiencia maravillosa y puede tener lugar durante una reunión social, un momento de estrés o cualquiera de esos momentos que antes pensaba que no podría disfrutar sin un cigarrillo.

PASO 4.
     En unos días estarás más fuerte mental y físicamente. Los buenos momentos te parecerán mejores de lo que solían ser y los malos no le parecerán tan malos. Pero no esperes a que esto suceda: no hace falta.
El estado de ánimo es lo más importante de todo. Cuando uno intenta dejarlo por el método tradicional de la fuerza de voluntad que lleva  sentirse desesperado y desgraciado, lo único que hace es soportar la desgracia el tiempo suficiente como para llegar a un momento en que el cerebro diga, “¡Bravo, soy libre!”. ¿Esperar? No hay que esperar, pues lo importante es lo que piensas y el punto de partida es precisamente el pensamiento “¡Soy libre!”
     Cualquier otro pensamiento sería una trampa, además de falso, pues no estabas disfrutando del tabaco y eras un esclavo.
¿Cuándo te conviertes en un nofumador? Cuando apagas el último cigarrillo.

PASO 5.

     Haz tu vida normal, sin evitar las situaciones en las que solías fumar. No uses sucedáneos, ni parches. ¿Quieres convencerte de que dejar de fumar es difícil? Lamento decírtelo, pero no lo es. Sobre todo, no envidies a aquellos que aún son fumadores: observa que todos y cada uno de los fumadores de este mundo desearían no haber empezado nunca. Y luego observa que ni uno solo de los nofumadores desearía ser fumador.
     Dejarlo sólo resulta difícil si te sientes privado de algo. Ese único y agradable cigarrillo, por el que todos los que dejan de fumar por la vía radical no dejan de suspirar, es una ilusión. No hay tal cosa. No existe un único cigarrillo: solo un eslabón de una cadena de cigarrillos de cientos de miles de cigarrillos de longitud. Piensa en esto cada vez que veas a un fumador encender un cigarrillo. Recuerda que no lo encienden porque quieran hacerlo.
     Los únicos cigarrillos que uno enciende por propia elección son los primeros, y saben fatal. Todos los demás se fuman únicamente por el malestar que causa el monstruo de la nicotina.

    6.  Enciende tu último cigarrillo   

     Ahora enciende tu último cigarrillo y vuelve a leer una vez más los cinco pasos. Suponiendo que seas inteligente, seguro que ya has llegado a la determinación de que no quieres pasarte el resto de tu vida siendo fumador. Todo lo que queda por hacer es que decidas cuándo quieres dejarlo.
¿Y por qué no hoy?  Cuanto antes empieces, antes recuperarás tu paladar, olfato e incluso visión. ¿Te imaginas el mundo de sabores que se te ofrecen? La libertad sienta muy bien.

Y ahora, mientras apagas tu último cigarrillo, felicítate. ¡Eres libre! Ya no eres un fumador. Tu posibilidad de morir prematuramente ha descendido y te queda mucha vida por delante.




Lo próximo que encenderás será ¿un cigarrillo o un vela?
Aparta tu miedo y elige en libertad.

Artículo realizado por Adela Casado Cano
Fotografías de www.pixabay.com







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