Miedo escénico o el miedo a hablar en público

 Glosofobia, ese miedo que surge al expresarnos en público. 

Glosofobia, miedo escénico. 

    Nerviosismo, dudas y miedo, dificultad para respirar, ahogos, presión, sudores fríos, temblores, taquicardias, pensamientos de miedo, temor al fracaso y al ridículo, deseos de salir corriendo, huir… ¿Te suenan? Son los nervios que entran cuando tenemos que dirigirnos a un grupo de personas; esta ansiedad es mucho más común de lo que piensas. 

    Se estima que afecta a más del 90% de la población. Lo curioso es que cuando lo hacemos de manera directa, hablando, es mucho mayor que cuando es indirecta, sin mirar directamente al público, como en el baile y el teatro.

    En el pánico o miedo escénico son determinantes las expectativas que tienes respecto a una situación y el miedo al fracaso que conllevan (no gustar, aburrir, recibir insultos, quedarte en blanco, hacer el ridículo, no saber responder, apagón de luz, sala vacía o muy llena, y más). Veamos.

 El miedo y la imperfección como aliados

     Sobre el MIEDO hay que decir que no es tan malo siempre, pues a veces gracias a él activamos nuestra mente buscando opciones y analizando posibles desenlaces. Sin embargo, el temor al miedo, el miedo al miedo es el bloqueante, es cuando lo convertimos en nuestro enemigo. Frases como Me voy a bloquear o me quedaré en blanco, etc. originan en el presente un estado de ansiedad cercano al miedo; ¿miedo a qué? miedo actual al posible miedo futuro. Rizar el rizo ¿no te parece? 

Nerviosismo al ser el centro de todas las miradas.

      Cierto nerviosismo al hablar en público es normal pues es una alarma natural ante una situación para indicarnos que es importante para nosotros y debemos tomarla en serio, como cualquier otra circunstancia relevante. ¿Acaso no tienes nerviosismo cuando vas a comprobar si tu número de lotería ha sido premiado? si no lo tuviéramos no haríamos varias comprobaciones por si no hemos mirado bien, se nos ha pasado algún dígito o la fecha del sorteo. Otro ejemplo. Cuando vas a ingresar dinero en una cuenta bancaria por un pago, gracias al nerviosismo que provoca el miedo a equivocarte e ingresar el dinero en otra cuenta, anotarás cuidadosamente los dígitos y comprobarás detenidamente si el número es el correcto. Así que, cierto nerviosismo es útil.

     Afrontemos esa ansiedad actual, tomándola como aliada, pues gracias a ella estudiaremos, por ejemplo, maneras de hacer la exposición o conferencia adelantando posibles escenarios, ensayando respuestas. Si no tuviéramos ansiedad, posiblemente llegaría el día de hablar en público sin habernos preparado lo suficiente 

    Otro factor relevante en este entramado de nervios es ¡la perfección! No queremos permitirnos ningún fallo; la exposición o charla tiene que salirnos perfecta. Y yo pregunto ¿perfecta a qué? ¿De qué tipo? ¿Cómo es la perfección? ¿Sólo hay una manera de actuar, de responder…? Ni nosotros ni nuestros oyentes somos autómatas, y habrá cientos de maneras de hacer una exposición perfecta… o ninguna.

Si no eres un robot no te exijas la perfección

La vida es tan compleja y dinámica que la perfección ¡no puede existir!

     La perfección implica una idea anticipada de algo (comportamiento, hecho, etc.) y eso, en este mundo tan complejo y dinámico no es posible (salvo teniendo una bola de cristal mágica y en perfecto estado). Siendo realistas, tenemos expectativas y estas las ajustaremos considerando nuestra naturaleza: somos humanos interactuando.

     Recordemos que somos personas y como tales nacemos con un potencial que iremos desarrollando a lo largo de la vida y vamos evolucionando a través de las interacciones. No nacemos hechos, sino por hacer. Uno no puede ser perfecto nunca, pues la perfección implica en si misma estancamiento –lo perfecto no puede evolucionar, pues ya es perfecto, no puede aprender nada más- y si el movimiento es esencial para la vida, la perfección ¿no conduce a la muerte? (qué filosófica, 😉)

Somos imperfectos, y gracias a esto crecemos y evolucionamos

      Bienvenidos al descubrimiento: somos unos seres imperfectos con miedos y los errores forman parte de nuestra naturaleza. Asúmelo.

Afrontamiento

     ¿Y ahora qué? Ahora, de la mano de tu amigo el miedo (ponle otro nombre si quieres) reflexiona sobre qué expectativas tienes, concretando al máximo posible, detallando.

     Reconoce y acepta tu miedo, ante ti y ante los demás, así neutralizarás su poder. ¿Qué puede pasar si dices que hablar en público siempre te pone un poco de los nervios?

    ¿Temes que la gente se de cuenta de tus nervios o de que no te sale perfecto? Anímate a decirlo y te sorprenderás de las reacciones, pues casi todo el mundo se sentiría igual en tu situación. 

   ¿Sabes? los mejores oradores siguen poniéndose nerviosos a pesar de su larga trayectoria, pues precisamente se sienten más presionados que los noveles por hacerlo bien, pues piensan que es lo que la gente espera: que no fallen y tengan una exposición genial.

¿Tierra trágame? No es tan feo elogro como lo pintan...

     Si al inicio comentas que hablar en público te pones nervioso, bien porque no estás acostumbrado o bien porque teniendo experiencia siempre tienes un poco de ansiedad al salir (como Steve Jobs siempre sentía nauseas), estarás eliminando el principal temor: que se den cuenta de tus nervios. Y recuerda que el error es parte de la experiencia y dado que no somos perfectos, lo máximo a lo que podemos aspirar es a minimizar los errores, y cuanto antes lo asumas menor será su efecto emocional en ti.

    Joaquín Sabina, Adele, Pastora Soler, Axl Rose, Salma Hayek, Robbie Williams, Lana del Rey, Steve Jobs, Hug Grant, Harrison Ford, Nicole kidman, Bruce Willis, David Bowie, Julia Roberts y hasta el famoso youtuber Rubius ¿Qué tienen en común? Que en algunos momentos de sus carreras profesionales tuvieron glosofobia, es decir, miedo a hablar en público; algunos incluso abandonaron sus carreras profesionales total o parcialmente.

     ¿No te ha sorprendido que famosos acostumbrados a los escenarios se retiren una temporada por miedo escénico? Si a los más entrenados les pasa aunque sea esporádicamente, no te exijas ser perfecto, ¿no te parece? Recuerda a esos famosos (busca en internet y verás grandes estrellas). Si a ellos les pasa (y a un sinfín más) ¿por qué a ti no? Si ellos sobreviven al miedo ¿por qué tú no?

¿Miedo a hacer el ridículo?

     ¿Que da vergüenza tener a la gente pendiente de lo ti? Pues sí, y puede que mucha. Por eso nos entrenaremos en hablar en público o en hacer una exposición verbal, no para que nos salga perfecto (es imposible), sino para mejorar nuestra preparación y reaccionar ante cualquier imprevisto, incluido el miedo.

Persona y personaje no son sinónimos

     Ojo con la personalización. Una persona no es el rol que desempeña, ni su puesto de trabajo. Si vas a la oficina de una gran empresa a quejarte por una gestión, lo harás ante la persona (Antonio p. ej.) que esté en ese puesto de trabajo, por ejemplo, recepcionista o secretaria; aunque te quejes ante la persona que te atiende, en realidad lo estás haciendo al trabajador, no a este como persona. Porque, si no estuviera trabajando en ese puesto ¿buscarías a Antonio para quejarte?

     Por ejemplo, si estás en política, y tienes un cargo en el partido político, tú como persona no eres el partido, sino que tu cargo forma parte del mismo. Por tanto, las críticas que te hagan serán mayormente al partido que representas, no a tu persona. Será en todo caso a ti como política, pero no a tu persona. Por ejemplo, el del otro partido te atacará, como pueda, para resaltar él o ella. Ese ataque NO es a tu persona en sí, sino al personaje que representas; critican o halagan a María política (personaje), no a María persona, a tu puesto o cargo pero no a ti como ser humano, aunque usen la personalización para dar más peso a su opinión. Incluso, como persona, María no es su comportamiento, sino que este es manifestación de María, pero no ella. Una persona es mucho más que su comportamiento o que su rol.


    Veamos en otro campo ¿Cuántos profesores de 3ª ESO conoces que caigan bien a sus alumnos? A esas edades el profesor es casi un enemigo, que les tiene manía –jeje, recuerda- y le critican por casi todo,  hasta del nombre que tiene (aunque obviamente el profesor no eligiera su nombre al nacer). Están criticando al puesto que ocupa, y su rol es independiente de la persona; critican al personaje. Por tanto, todo profesor debe tener en cuenta esta situación y procurar no personalizar esos ataques pues no lo critican a él, a su personalidad, sino que lo hacen por su puesto, por ser profesor de ese curso, punto; al siguiente curso le tocará a otro profesor, o no, pues pocos lograr evitar estos prejuicios asociados al rol de profesor.

    El personaje es parte de la persona, pero no la persona. Es muy importante recordar cuando vayas a hablar en público que no lo harás como persona, sino como estudiante, conferenciante, actor, músico, profesor, etc.

 Algunas sugerencias para la exposición: 

  •  Tiempo. ¿De cuanto tiempo dispones? tenlo en cuenta para planificar los contenidos, pues es más que probable que no puedas decir todo lo que tienes pensado, preparado o quieres. Aunque al principio te parecerá que el tiempo va muy lento, pronto se te pasará el miedo (en cuanto veas que no quieren matarte ni te tiran tomates, jeje) y te faltará tiempo o te sobrará contenidos, puedes quedarte a medias. 
  • Si puedes, divide la materia que vas a exponer o el tema del que vas a hablar en partes pequeñas de dos o tres minutos. Haz algunas fichas con los términos clave para tenerlas a mano como ayuda o recuperar el hilo si en algún momento te pierdes o te quedas en blanco (no, el mundo no se hundirá, pues llevas salvavidas, 😉)  

  •  Familiarízate con la tecnología. Por ejemplo, con PowerPoint (u otro) sencillos, pues los muy complejos hacen que se pierda parte de la información. Uno simple servirá de guía al público y a ti de apoyo; si pierdes el hilo no tienes más que mirarlo para situarte.
  • Elabora una lista de lo que necesitarás el día de la exposición, comprobar el día anterior que tu portátil o tableta funciona, incluso haz una copia de tus esquemas o PowerPoint en un usb, por si tienes que usarlo en otro.
  • Practica donde puedas aunque sea en tu dormitorio con unos cojines que pueden servirte de público (con imaginación, cualquier objeto) o ante un espejo siempre que no te dediques a observarte físicamente (complejos fuera). Si tienes alguien cercano con muchísima paciencia que se preste a “soportarte” ¡estupendo!. Cuantas más veces lo hagas más soltura tendrás.

  • En tu sala imaginaria elige tres puntos, uno central y dos laterales para dirigir tu mirada por encima de las cabezas de tu publico imaginario o al vacío entre dos personas cuando intervengas, sin fijarte en nadie en concreto. Si los miras es posible que te desanimes si en ese momento alguno no atiende o esta aburrido en ese preciso momento ¡o mirando su móvil! Mirar al público para saber cómo va tu charla es un error. Te desmotivarías. Solo míralos cuando te hagan una pregunta.
  • Practicar la respiración abdominal o diafragmática. El oxígeno es fundamental para todo el cuerpo y desde luego para nuestro cerebro, que tiene que estar en forma. Como no eres perfecto, mejor aprender alguna técnica de relajación o disminución de la ansiedad en momentos de tensión. Se trata de ser consciente de nuestra respiración, centrándonos en la misma y respirando profundamente.
  • Aquí dejo un video de los muchos que hay sobre este tipo de respiración. Cómo superar la ansiedad: Técnica de respiración diafragmática
  •  Botón de pánico. Inhala aire profunda y lentamente, pausa y exhala despacio.
    Familiarízate con los medios de comunicación.

Llega el día:

  • Ropa cómoda y adecuada al evento (tal vez no sea el mejor momento para estrenar unos zapatos). Si tienes bolsillos serán ideales para tener las fichas y ayudarte.
  • Comprueba tu lista de lo necesario y sal de casa con suficiente antelación (tráfico, pérdida de medio de transporte) para tener esa tranquilidad que da el saber que no llegaremos tarde.
  • Llega a la sala con antelación suficiente para habituarte a la misma, familiarizarte con el estrado o escenario. Con tiempo para probar tus herramientas, comprobar enchufes, tu ordenador, proyectores, micrófonos y demás recursos con los que cuentes.
  • Cuando toque intervenir, hay que hacerlo pausadamente. Instálate con seguridad y sin prisas, concentrado (la respiración ayuda). Hay que dar tiempo al público a prepararse para la charla, así que no hay que correr.

  • Utiliza el lenguaje gestual, sencillo, y adecuado que ya has practicado (las estatuas son para contemplarlas no para escucharlas😉)
  • Si el fragmento es mas importante o el dato es relevante, acércate al público un paso adelante, baja un poco la voz como si fuera un secreto, unos segundos de silencio y continua normal.
  • Los segundos de silencio úsalos también después de lanzar alguna pregunta al público, para que reflexionen.
  • Si hay tensión o pequeño revuelo entre el público tras un dato importante o alguna pregunta (p.e. comenten entre ellos, varios quieran hablar, etc.) sepárate un poco, aumenta la distancia (retrocede ese paso que diste adelante)

  • ¿Mente en blanco? Reconócelo diciendo algo así: "Por donde iba", "Me he perdido", "¿Qué estaba diciendo?". Repite lo último que has dicho, pon un ejemplo, recurre a tu ficha o salta al punto siguiente. Ten en cuenta un dato, que hasta los 7 segundos de silencio el público no se alerta, no se da cuenta y piensan que estás dando tiempo a que ellos asimilen lo dicho. Nada de dar explicaciones ni justificar (nada de hablar de posibles razones, que si has dormido mal, o había mucho tráfico ni mil historias, pues no son parte del contenido de la charla y despistarías más.

   Y como nadie ha nacido sabiendo... ¡ánimo, tú puedes!

Si quieres saber más, te recomiendo una pequeña guía muy completa y práctica con consejos sobre todo el proceso, desde la elaboración de los contenidos hasta el momento de salir al público. Jürg Studer, Guía práctica de oratoria, hablar, exponer y convencer. Edit. Drac.

Imágenes cedidas Pixabay.com

Artículo realizado por:
© Adela Casado Cano, psicóloga y psicoterapeuta online

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